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lunes, 18 de mayo de 2015

CARTA DE UN HIJO A SUS PADRES. LO QUE TU HIJO ESPERA DE TÍ.


Querido papá, querida mamá:


No me des todo lo que pida.
A veces yo sólo pido para ver hasta cuánto puedo obtener.

No me des siempre órdenes.
Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.



No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer.
Decídete y mantén esa decisión.

Cumple las promesas buenas o malas.
Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es un castigo.

No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana;
si tú me haces lucir peor que los demás entonces seré yo quien sufra.

No me corrijas ni me reprendas delante de nadie. 
Enséñame a mejorar cuando estemos solos.

No me grites. 
Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.

Déjame valerme por mí mismo. 
Si tú haces todo por mí, yo nunca aprenderé.

No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por tí, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que dices.


Cuando yo haga algo malo, no me exijas que te diga el “porqué” lo hice.
A veces ni yo mismo lo sé.

Cuando estés equivocado en algo admítelo.
Así me enseñarás a admitir mis equivocaciones y también mejorará la opinión que yo tengo de tí.

Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos.
El hecho de que seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.

No me digas que haga una cosa y tú no la haces.
Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas, pero nunca lo que tú digas y no hagas.

Cuando te cuente un problema mío, no me digas "no tengo tiempo para
tonterías”, o “eso no tiene importancia”. 
Trata de comprenderme y ayudarme.

Quiéreme y dímelo.
A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.

Te adora. Tu hijo (a)



D. Francisco Pérez es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
Si necesita ayuda profesional y está buscando un psicólogo en Jaén, puede ponerse en contacto con nosotros a través de:
Tfno. 678 920 707
Correo electrónico: Correo psicólogo Jaén

miércoles, 19 de noviembre de 2014

¿HAS PERDIDO LA AUTORIDAD CON TUS HIJOS? PONER LÍMITES A NUESTROS HIJOS. UNA DISCIPLINA POSITIVA.

La desobediencia surge por la incapacidad de los padres para poner límites conductuales a través de una "disciplina positiva" a sus hijos. La disciplina positiva busca conseguir una educación equilibrada entre la permisividad excesiva y la restricción excesiva.

Una disciplina positiva supone:
  • Establecer límites firmes y equitativos
  • Comunicar a los niños normas claras razonables y apropiadas
  • Estimular y elogiar los logros
  • Aplicar consecuencias consistentes a la mala conducta 

Educar es ayudar a ser libres. Por lo tanto, tomando constantemente los adultos las decisiones haremos que el niño sea incapaz de decidir nada en su vida. De esta forma, estaremos dificultando que el niño:
  • Aprenda a tomar decisiones por sí mismo.
  • Vaya conformando sus propios criterios.
  • Ejerza su responsabilidad personal.
Si lo que se busca es la madurez de nuestros hijos, debemos deshacernos de forma gradual de algunos hábitos de control sobre éstos que ya no son adecuados a medida que van creciendo.
"Lo importante es crear la condiciones para que de forma gradual nuestros hijos vayan decidiendo por sí mismos, que aprendan a tomar decisiones"
Los padres tienen como misión enriquecer, no anular, la personalidad de sus hijos. Educar es fomentar la creatividad, abrir sus mentes y ayudarles a ser libres. Los padres tienen que ordenar las infinitas posibilidades de sus hijos, pero sin marcar ellos unilateralmente el camino, comunicando a los hijos normas claras razonables y apropiadas.


Los padres tienen muchas veces que "mandar" a sus hijos, pero no todo el mundo tiene autoridad y se hace respetar. Siendo muy difícil educar sin inspirar respeto, los padres que no tengan autoridad personal la tendrán que aprender. Para alcanzar esa respetabilidad, "saber y poder mandar", se deben considerar los siguientes enunciados:
  1. No se puede mandar hoy una cosa y al día siguiente mandar otra distinta y contradictoria con las razones esgrimidas el día anterior.
  2. Cuando se ha tomado una decisión hay que mantenerla. Previamente habrá que razonarla, pero una vez tomada, por considerarla la más conveniente, deberemos mantenerla aunque cueste algún esfuerzo o sacrificio.
  3. Exigir a los demás lo que nosotros somos capaces de hacer. No podemos pedir orden a nuestros hijos cuando nosotros somos un desastre.
  4. Mostrarnos como una persona que sabe controlar sus emociones, equilibrada.
  5. Ser tolerante en las pequeñas cosas, para poder exigir en las fundamentales, de lo contrario caeremos en el error de estar continuamente haciendo reproches a nuestros hijos, lo que nos puede hacer perder su confianza.
  6. Mostrar nuestro interés por el resultado de sus acciones, no quedarnos solo en el "mandar por mandar".
  7. Disponer de una gran dosis de paciencia. Siendo perseverantes iremos consiguiendo las cosas, más que planteando las cosas con estridencia.
  8. Incorporemos a nuestro hijo en el proceso de tomar una decisión. Dando participación, pidiendo su opinión, no se corre el riesgo de perder autoridad; por el contrario, mostramos lo difícil qu resulta a veces decidir y acertar la decisión.
Esta breve relación no agota todas las posibles cualidades necesarias para "ejercer el mando" con autoridad ante los niños pero son sin duda las más importantes para acceder a esa respetabilidad tan necesaria para educar a éstos en la infancia, es decir, para establecer límites firmes y equitativos y comunicar a nuestros hijos normas claras y razonables.

Francisco Manzaneda es psicólogo máster en psicología clínica y de la salud por la UCM y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.

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martes, 4 de noviembre de 2014

EDUCAR CON PSICOLOGÍA

La conducta se aprende desde los primeros momentos de la vida del niño, y el conocer a tiempo las leyes que rigen este aprendizaje nos permitirá educar mejor al niño y evitar problemas que puedan influir negativamente en su desarrollo personal.


Partimos de la idea central de que los padres tienen una gran influencia en el comportamiento de sus hijos y que este comportamiento es aprendido y puede modificarse. Inicialmente, es importante que se tenga en cuenta qué conductas estamos reforzando y cuáles no, y si las conductas que reforzamos son las adecuadas. En este sentido, cualquier reacción por parte de los padres durante o inmediatamente después de cualquier conducta de su hijo, la refuerza: ya sea prestándole atención para alabarle o para regañarle.

Cuando el niño realiza una conducta inadecuada, si no le prestamos ningún tipo de atención estaremos contribuyendo a que abandone esa conducta. Por el contrario, si queremos que realice más frecuentemente una determinada conducta deberemos reforzar su acción por medio de nuestra atención, alabanzas, palabras de ánimo, caricias, etc. En conclusión, una conducta se mantiene o desaparece según los efectos o consecuencias que se obtengan tras su realización.

Cualquier reacción por parte de los padres y personas del entorno del niño, durante o inmediatamente después de cualquier conducta que éste realice, la refuerza: tanto la alabanza para premiarle, como la reprimenda para intentar corregirle.

Para finalizar, podríamos señalar unas reglas básicas a recordar, resumen de un programa de entrenamiento para padres o “Escuela de Padres”:
  • Cuanto más se retrase una recompensa, menor será su efecto.
  • La recompensa debe facilitarse después de que se haya realizado la conducta adecuada y nunca antes.
  • No olvide premiar cualquier progreso o esfuerzo del niño por pequeño que parezca.
  • No añada una crítica a una recompensa para que esta no se convierta en un castigo.
  • Recuerde que nunca se debe premiar la conducta que se desea extinguir.
  • Observe a su hijo/a para determinar qué recompensas resultan más efectivas.
  • No sea "tacaño/a" a la hora de recompensar al niño/a.
  • Evite, siempre que sea posible, los refuerzos a muy largo plazo.

 
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