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domingo, 27 de septiembre de 2015

OBSESIONES Y COMPULSIONES. TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO (TOC)

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es un trastorno de ansiedad. Se caracteriza por la aparición de obsesiones y compulsiones recurrentes que causan en la persona una marcada incomodidad en su vida cotidiana.


Las obsesiones son ideas, pensamientos, imágenes o sonidos recurrentes y persistentes que son experimentados como intrusos o inapropiados. Las obsesiones son egodistónicas, es decir, que son vividas, por lo menos al comienzo, como pensamientos repugnantes y sin sentido, que la persona intenta ignorar o suprimir con algún otro pensamiento o acción.

Las compulsiones son comportamientos o actos mentales repetitivos que la persona se siente impulsada a realizar en respuesta a una obsesión, o conforme a reglas que deben ser aplicadas rígidamente. Las compulsiones tienen el objetivo de reducir la ansiedad o la angustia que traen las obsesiones; o de prevenir algún suceso o situación temida. Sin embargo, estos comportamientos o actos mentales no están conectados de manera realista con lo que quisieran neutralizar o prevenir, o son claramente excesivos.
“No podía hacer algo sin un ritual. Estos rituales trascendían a todos los aspectos de mi vida. Cuando ponía mi despertador, tenía que hacerlo en un número que no sumara un “mal” número. No podía hablar de la muerte porque me preocupaba que algo malo le sucediera a mis padres”

 

Tipos de obsesiones y compulsiones

  • Relacionadas con la agresión: temor a hacer daño a los demás, o a uno mismo, a insultar o proferir obscenidades, a dejarse llevar por los impulsos, a que pase algo terrible, a ser el responsable de una catástrofe.
  • Sobre la suciedad y contaminación: Mostrar desagrado exagerado por las secreciones del cuerpo, por la suciedad y gérmenes, por la contaminación ambiental, por contraer una enfermedad, por que otras personas caigan enfermas o por la higiene del hogar.
  • Necesidad de limpiar y lavar: Lavado exagerado de manos, cuerpo, dientes, arreglo personal de forma ritual, medidas exageradas para evitar un contagio o para eliminar contaminantes.
  • Sexuales: Pensamientos o impulsos sexuales prohibidos o perversos que pueden involucrar a niños, animales, cuestiones referidas a la homosexualidad o al incesto.
  • De acumulación y colección: Tendencia a acumular todo tipo de cosas hasta que la casa se vuelve inhabitable. El enfermo tiene deseos de ordenar, pero no es capaz de hacerlo nunca.
  • Religiosas: Ideas o imágenes religiosas con características sexuales aberrantes. Pueden sentir no haberse confesado bien o haberlo hecho con mala intención e intentan repetir el acto numerosas veces de iglesia en iglesia.
  • Necesidad de simetría y orden: La persona ordena y organiza de forma milimétrica. En algunos casos, siente la necesidad de contarlo todo.
  • Sobre el propio cuerpo: Arrancarse pelos de cualquier parte del cuerpo, morderse las uñas, los dedos, rascarse de forma excesiva.
  • Rituales de repetición: Entrar o salir por la puerta, levantarse o sentarse en la silla.
  • Compulsiones varias: Necesidad de saber, recordar, ver ciertos colores o números-que indican buena o mala suerte- sonidos que irrumpen en la mente con algún significado. Urgencia por decir, confesar, preguntar, tocar o tomar medidas de prevención para no hacerse daño a sí mismo o a los demás o para evitar un suceso terrible.

Muchas personas sanas pueden aceptar tener algunos de estos síntomas de TOC, tales como revisar la llave de gas varias veces antes de salir de la casa. Pero se diagnostica el trastorno cuando dichas actividades consumen más de una hora al día, son muy angustiosas o interfieren con la vida diaria.

D. Francisco Pérez es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
Si necesita ayuda profesional y está buscando un psicólogo en Jaén, puede ponerse en contacto con nosotros a través de:
Tfno. 678 920 707
Correo electrónico: Correo psicólogo Jaén

 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

DEJAR ATRÁS EL PASADO

El pasado es algo que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. El lugar del que venimos actúa como una base para conformar quiénes somos, cómo actuamos y cómo pensamos acerca del mundo que nos rodea. Influye no sólo en nuestra perspectiva de vida, sino en muchas más cosas que ahora mismo ni siquiera imaginamos, como las sensaciones y emociones que tenemos ante algo o alguien que no conocemos y del que no tenemos información.


Todas las personas podrán recordar momentos buenos y malos de su trayectoria vital. Sin embargo, existe gente que parece tener una increíble facilidad para estar todo el día reviviendo su pasado. Pasar el día recordando aquello que sucedió antaño (tanto si es malo o bueno) no es precisamente la mejor opción para seguir con nuestras vidas, sino todo lo contrario. Nos mantiene estáticos, nos impide movilizar nuestra energía para realizar nuevos proyectos o, simplemente, disfrutar del día en que nos encontramos.

El problema surge cuando nuestro pasado no nos deja continuar hacia adelante con nuestra vida. Los recuerdos sobre aquello que fue o no fue vuelven a nuestra cabeza una y otra vez, haciendo interferencia con el momento actual en que nos encontramos, impidiéndonos disfrutar del instante que vivimos. Es en este punto cuando debemos tomar conciencia de que el pasado ya pasó (valga la redundancia) y que es en el presente donde nos encontramos.

Recordar aquello tan terrible que nos sucedió, lo mal que se portaron con nosotros, etc. trae de vuelta a nuestra cabeza aquellas emociones de malestar, culpa, vergüenza, rencor… que nos vuelven a hacer daño de nuevo una y otra vez, ¿nada productivo, verdad? Estas personas que se focalizan demasiado en el pasado, corren el peligro de caer sumidos en una gran tristeza o depresión, presas de sus desgracias e inmóviles ante un presente-futuro nada prometedor, ya que esto nos puede llevar a pensar que nuestra vida está destinada a la desdicha.


Es importante saber que para superar el pasado, en primer lugar debemos asumir que no va a cambiar, que debemos aceptar las cosas tal como fueron y dejarlo estar. Resulta fácil decirlo, sí, pero pasar página es imprescindible. Para ello, algunas de las cosas que debemos intentar hacer son:

1. Alza la vista hacia el mundo que te rodea. 

 

Levantar la vista de tu ombligo para pasar a mirar el sitio en el que estás y la gente que te rodea puede ser un buen primer paso para seguir hacia adelante.

 

2. Olvida a aquellos que te hicieron daño.

 

Como ya se ha dicho, vivir rememorando aquello que tanto nos hizo sufrir impide que se cierren esas heridas. Y, que quede claro, guardar resentimiento hacia esa persona (e incluso mostrárselo abiertamente) muchas veces no va a conseguir que el otro se sienta peor sino que somos nosotros los que más nos anclamos en aquello que sucedió.

3. Perdónate a tí mismo.

 

Comprender que las cosas que hicimos mal ya no pueden deshacerse. En vez de culparnos a nosotros mismos por haber actuado de una determinada forma y no de otra, sería más productivo buscar por qué hicimos eso. ¿Cuáles fueron los deseos, motivaciones o miedos que nos llevaron a hacer las cosas de ese modo?

4. Encuentra un sentido a tu vida.

 

Tener objetivos y metas en la vida nos permite afrontar los malos momentos. Saber que hay algo por lo que merecerá la pena seguir, nos da aliento para soportar las adversidades puesto que sabemos que cuando éstas terminen, podremos hacer aquello que anhelamos.

 

5. Volver a empezar. 


A lo largo de nuestra vida, podemos encontrarnos en situaciones que se nos exijan tener que volver a empezar desde cero. A pesar de que en un primer momento veamos todo negro, debemos pensar que eso no es así. Que nosotros no veamos las diferentes alternativas que tenemos no significa que éstas no existan o que no vendrán en un futuro.

Fuente: Psicopedia.

 
D. Francisco Pérez es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
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¡Porque nuestra salud mental es lo más importante!

martes, 5 de mayo de 2015

¿QUÉ SON "LOS NERVIOS"? APRENDE A CONTROLARLOS

"¡Qué nervioso estoy!", "estoy hecho un manojo de nervios", "me encuentro tan nerviosa que voy a estallar"... Todo el mundo les echa la culpa cuando las situaciones se escapan de las manos, cuando hay muchas cosas que hacer y muy poco tiempo, cuando se tiene miedo o se avecina un momento importante... ahí están los molestos nervios. Pero, ¿qué son exactamente los nervios?

No, nos estamos refiriendo a la parte del sistema nervioso con forma de filamentos. Los famosos "nervios" son el resultado físico y psíquico de una situación de ansiedad. La manifestación es clara: una persona dominada por la tensión, inquieta, intranquila, que se mueve de un lado para otro, con una agustia más o menos intensa, que puede estar irascible y hasta agresiva. Pero también tienen consecuencias físicas como la taquicardia, el temblor de manos, la sudoración y hasta crisis diarreicas. Todo ello es llana y puramente ansiedad, un estado de alerta del organismo que reacciona ante un estímulo que se vive como una amenaza.


En principio, la ansiedad surge cuando hay una mala conexión entre el sujeto y las exigencias del medio ambiente. Puede que estas sean excesivas o puede que el sujeto disponga de pocos recursos personales y resistencia ante los contratiempos. Otras veces, la ansiedad entra dentro del marco de una enfermedad psiquiátrica, como un síntoma más o, a veces, el más importante: las depresiones ansiosas o las crisis de ansiedad.

Estos "nervios" o estados de ansiedad pueden ser esporádicos y momentáneos, o bien mantenerse en el tiempo y hasta hacerse crónicos. Hay personas que siempre están nerviosas. Los efectos son ciertamente negativos y se ven a diario, tanto si uno los sufre como si ve a una persona ansiosa. A largo plazo, la ansiedad mantenida puede acarrear trastornos de tipo psicológico, como depresiones o alteraciones importantes del sueño.


Ante los "nervios" lo ideal es contrarrestarlos desde el punto de partida. Nunca deben ponerse como escudo o justificación de una conducta inadecuada o ineficaz. Hay que partir de una idea: nada es tan importante ni tan imprescindible como parece a primera vista. Hay que darle a cada cosa su justa importancia. Sólo cuando los "nervios" sean incontrolables o la ansiedad empiece a tener repercusiones psicológicas hay que acudir al especialista y posiblemente seguir un tratamiento específico.


D. Francisco Pérez es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.

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jueves, 5 de marzo de 2015

PRIMAVERA Y ANSIEDAD

Con la llegada de la primavera, muchas personas refieren tener síntomas de ansiedad. Quizá sea este tu caso y te sientas identificado/a. Pero ¿qué es la ansiedad? Antes de nada debemos dar respuesta a esta cuestión para saber de qué estamos hablando exactamente.


¿Qué es la ansiedad?:

La ansiedad es una emoción que nos surge de forma automática en situaciones de amenaza o peligro, para prepararnos a luchar o huir. Gracias a la ansiedad nuestra especie ha podido subsistir y ha llegado a ser tan poderosa. Seguramente descendemos de aquellos antepasados que más ansiedad tenían ante las serpientes, lobos, etc. porque luchaban o huían eficazmente, los que generaban menos ansiedad eran presas más sencillas. Ahora bien, cuando esa emoción se presenta ante estímulos que no suponen peligro alguno o las reacciones de miedo son desproporcionadas, entonces estamos hablando de ansiedad patológica, ya que no nos ayuda y nos limita.


Cuando tu cerebro percibe un peligro (real o imaginario), automáticamente se pone en marcha el sistema de alarma, es decir, se activa una parte de tu sistema nervioso que provoca diversos cambios fisiológicos con los que tu organismo se prepara para afrontar el peligro. Por ejemplo:

- Tu cuerpo libera adrenalina y noradrenalina, que producen una sensación de nerviosismo e inquietud.
- Aumenta la frecuencia y la fuerza de los latidos del corazón para que los músculos dispongan de más sangre y eliminen mejor las toxina, con lo que te resultaría más fácil atacar o huir de ese peligro.
- Hiperventilas, es decir, respiras más cantidad de aire y más dreprisa, preparando también a tu cuerpo para la lucha o huida.
- Sientes miedo y tiendes a huir para ponerte a salvo.

Todos estos cambios serían útiles y beneficiosos si te encontrases ante un peligro real. Pero, si en vez de tomarlos como algo normal piensas que esas sensaciones son peligrosas, se activará aún más el sistema de alarma y, por tanto, las sensaciones y el miedo aumentarán. ¿Me explico con claridad? Veámoslo gráficamente:


Las sensaciones que temes no son más que la reacción de tu cuerpo y mente ante ese peligro. Son molestas, qué duda cabe, muy molestas, pero para nada son peligrosas.

Algunos ejemplos de sensaciones temidas:

- Mareo
- Falta de aire
- Taquicardia, palpitaciones
- Hormigueo en las extremidades, pérdida de sensibilidad, palidez
- Opresión, dolor o pinchazos en el pecho, dolor en brazo izquierdo
- Calor, sofoco, sudor, escalofríos
- Percibir las cosas de forma extraña o inusual, ver "lucecitas", etc.
- Temblor, pinchazos, parestesias
- Dificultad para pensar en la forma habitual
- Náuseas o molestias abdominales
- Opresión o sensaciones extrañas en la cabeza
- Cansancio, agotamiento
- Cualquier sensación interna temida



La ansiedad también facilita la aparición de las crisis de pánico, entre otras razones porque produce sensaciones similares a las que interpretas como señal de peligro. Sin embargo, la ansiedad no es algo malo en sí. De hecho, la investigación científica ha demostrado que, en ciertas dosis, mejora nuestra capacidad para afrontar las dificultades. Pero, cuando la ansiedad presenta una intensidad excesiva o cuando se mantiene activada durante demasiado tiempo, puede ser algo negativo, ya que nos impide sentirnos bien y funcionar de forma óptima.

El objetivo del tratamiento:

Desde Supera Psicología Clínica Jaén (Psicólogos en Jaén) pretendemos ayudar al paciente a mantener controlada la ansiedad en unos niveles deseables pero teniendo claro que no pretendemos eliminarla por completo ya que, además de ser imposible, tampoco sería conveniente, porque experimentar cierto grado de ansiedad es útil y necesario. No obstante, la ansiedad anticipatoria, es decir, la ansiedad producida por el temor a que aparezcan nuevas crisis o a experimentar las sensaciones temidas, sí que desaparecerán con el tratamiento.


Francisco Manzaneda es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
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lunes, 23 de febrero de 2015

¿TODOS TENEMOS PENSAMIENTOS INTRUSIVOS?

La investigación titulada “Puedes correr pero no esconderte: Pensamientos intrusivos en los seis contintentes” (You can run but you can’t hide: Intrusive thoughts on six continents) y publicada en el Journal of Obsessive-Compulsive and Related Disorders,  encontró que la mayoría de las personas podría haber experimentado pensamientos indeseados persistentes (93.6% de los participantes), imágenes mentales o síntomas del trastorno obsesivo compulsivo.


El estudio contó con la participación de 777 estudiantes de 13 países diferentes (Canadá, Argentina, Australia, Francia, Grecia, Hong Kong, Irán, Israel, Italia, Sierra Leona, España, Turquía y EEUU), a los cuales se les entrenó para distinguir entre las preocupaciones persistentes, rumiaciones sobre el pasado y los pensamientos intrusivos. Luego se les preguntó si habían experimentado por lo menos un pensamiento intrusivo durante los últimos tres meses.


Para el co-autor de la investigación, el Dr. Adam Radomsky, estos resultados muestran que no son los pensamientos indeseados los que generan problemas sino, más bien, lo que hacemos con ellos.
“Por ejemplo, la mayoría de las personas que tienen pensamientos intrusivos sobre saltar desde un balcón o desde una plataforma del subte, pensaría que es raro o tonto pensar así, en cambio, una persona diagnosticada con TOC se podría preocupar porque sus pensamientos son suicidas. Los pacientes con TOC experimentan estos pensamientos más a menudo y sienten mayor malestar a causa de los pensamientos, pero estos pensamientos parecen ser indistinguibles de aquellos que tiene la población general” explicó Radomsky.


Esta investigación podría ayudar a las personas con el trastorno obsesivo compulsivo a no sentirse tan diferentes ya que, como vimos, estos tipos de pensamientos son extremadamente comunes. Y también puede ayudar a desarrollar tratamientos basados en la evidencia que permitan reconocer que es bastante común tener pensamientos intrusivos.

Fuente: Psyciencia

Francisco Manzaneda es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
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miércoles, 18 de febrero de 2015

LAS PASTILLAS NO CURAN LA ANSIEDAD

Esto es algo que sabemos los psicólogos desde siempre y que sin embargo decimos muy pocas veces, al menos no tantas veces como tendríamos que haberlo dicho para que se nos tome en consideración.
Lo que parece empezar a cambiar en este asunto, y creo que es buena idea aprovechar ese impulso, es que también los psiquiatras comienzan a percatarse de esta realidad, e incluso lo manifiestan públicamente. 

 
En una nota de prensa publicada en la sección de Salud de Europa Press y titulada “La prescripción de ansiolíticos para tratar la ansiedad es un error frecuente” (recomiendo su lectura), el vicepresidente de la Asociación Española de Psiquiatría Privada (Asepp) hace afirmaciones como ésta: Emplear ansiolíticos en el tratamiento de la ansiedad es un error que comenten con cierta frecuencia los médicos de Atención Primaria”, y va más allá diciendo “Este medicamento no debe administrarse de forma continuada, ya que su indicación es para las crisis de angustia”.
Sin valorar la intencionalidad de estas afirmaciones, compartiréis conmigo que tienen su importancia, viniendo de donde vienen, y sobre todo ante la evidencia de que, al menos en el Sistema Público de Salud español, recetar ansióliticos para tratar la ansiedad es algo bastante más que frecuente, y no sólo en los servicios de Atención Primaria, sino también por parte de los propios especialistas (psiquiatras generalmente).


Me gustaría ilustrar este artículo con mi propia experiencia como psicólogo clínico ejerciente en el sector privado en España.
No exagero en absoluto si digo que más de la mitad de los pacientes que veo cada día en consulta presenta algún problema relacionado con la ansiedad, ya sea como parte de su propia demanda o de forma “colateral”.
Tampoco exagero si afirmo que el 90% de estos pacientes acuden a mi consulta con un tratamiento farmacológico prescrito por su médico de cabecera, y que consiste generalmente en un ansiolítico (Diazepam, Lorazepam, Alprazolam…) y un antidepresivo (Paroxetina, Fluoxetina, Citalopran…).


La prescripción o no del antidepresivo depende generalmente de si, en el relato de los síntomas ante su médico, el paciente menciona o no palabras como “tristeza” o “desgana”. (No estoy exagerando tampoco en esto, he hecho alguna prueba al respecto con mis propios pacientes).
Pero aún hay dos realidades que empeoran si cabe este triste panorama. La primera es que, cuando el paciente viene derivado del especialista (psiquiatra), el tratamiento prescrito suele ser exactamente el mismo. La segunda es que, los pacientes que no llegan medicados a mi consulta (ese 10% que restaba), es porque antes no acudieron a su médico.

Voy a seguir ilustrando el artículo con algunas opiniones y publicaciones que justifican en cierto modo los signos de exclamación utilizados en el título de este post, y que refuerzan por otra parte la pequeña voz de un psicólogo privado en una pequeña ciudad de España.
En febrero de 2012, la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) publicó en su revista número 100 un revelador informe titulado “Menos fármacos y más psicoterapia”, que apareció en prensa con titulares como éste: “Tras realizar un amplio estudio sobre salud mental, la OCU pide que la psicoterapia sea el tratamiento prioritario para los pacientes diagnosticados con ansiedad y depresión menor, reservando la medicación solo para los casos en que ha demostrado su utilidad”.
En este informe se recogen opiniones de pacientes, médicos de atención primaria y especialistas, y todos ellos llegan a la misma conclusión: los antidepresivos y tranquilizantes se prescriben en demasiados ocasiones, a pesar de que el tratamiento de elección para la ansiedad y la depresión debe ser la psicoterapia.

"La OCU pide que la psicoterapia sea el tratamiento prioritario para los pacientes diagnosticados con ansiedad y depresión menor"
Por su parte, el Consejo General de Psicología de España, publicó también en febrero de 2012 el artículo “La tendencia a recetar fármacos para la ansiedad y la depresión cuestiona gravemente la calidad asistencial que se presta en nuestro Sistema Sanitario” en el que se recogen algunas evidencias científicas al respecto de los tratamientos considerados eficaces para la ansiedad y la depresión, con afirmaciones como la siguiente: “La tendencia a recetar fármacos de manera abusiva cuestiona gravemente la calidad asistencial que se ofrece a los ciudadanos, así como los intereses de la industria farmacéutica en perpetuar estos modelos de actuación en salud mental”.

Conclusión

Que la ansiedad no se cura con pastillas parece ser una evidencia científica que no deja lugar a dudas. Sin embargo, no es posible mostrar la evidencia a quién no quiere verla, y parece igualmente claro que aquellos que pueden tomar medidas al respecto siguen manteniendo los ojos cerrados.
No obstante considero necesario que todos los que nos dedicamos a la salud mental, desde la posición que sea, sigamos manifestando públicamente nuestra opinión, incluso enmarcándola entres signos de exclamación si es necesario, hasta que alguien se digne a tomar medidas. Al fin y al cabo estamos hablando de salud, y eso nos importa a todos.


Me parece acertado terminar esta reflexión con una nueva cita al artículo antes mencionado que a modo de conclusión es contundente: “Por todo esto, podría ser útil que nuestras autoridades reflexionaran acerca de qué intereses están condicionando que no se provea a la población con los mejores tratamientos posibles, según demuestra la evidencia científica, siendo que, además, resultan ser los más económicos y los que más propician la reducción del gasto sanitario y social (incapacidad laboral) a medio y largo plazo. ¿Tiene sentido que sigamos apostando por terapias menos eficientes en un sistema público que requiere cada vez más del uso de la mayor racionalidad económica para garantizar su sostenibilidad?”.

Fuente: Psicopedia


Francisco Manzaneda es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
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jueves, 22 de enero de 2015

MIEDO A HABLAR EN PÚBLICO O PÁNICO ESCÉNICO

Algunas personas sienten un gran temor o ansiedad cuando tienen que hablar en público, ante un grupo numeroso. Desde Supera Psicología Clínica y de la Salud Jaén queremos ofrecerte algunas recomendaciones si te encuentras entre estas personas. 


¿Que puedes hacer si necesitas hablar en público y tienes miedo escénico? 

1. PLANEE: Conozca el propósito de su presentación y las expectativas de la audiencia. Aprenda sobre su público, quiénes y cuántos son, por qué están ahí, cuánto saben del tema que presentará, etc. Escoja dos o tres puntos a desarrollar. Sepa con cuánto tiempo cuenta y evalúe si éste es suficiente para cubrir el material. Investigue sobre el tema que va a presentar, profundice sobre información que la mayoría de la audiencia no conoce, suministre estudios e investigaciones. 
"En resumidas cuentas, si pretendes no sentir pánico escénico debes conocer a la perfección el material que vas a presentar"

2. PRACTIQUE: Antes de hablar en público ensaye su presentación, dígala en voz alta, hable desde su punto de vista. Utilice medios audiovisuales. Tenga a mano palabras o frases claves que le ayuden a recordar la secuencia y puntos importantes de su conferencia. Grábese y escúchese hablar, mire el tono de su voz, hable con entusiasmo. Haga una lista de 10 posibles preguntas que le pueden hacer, grábelas y contéstelas en 20 ó 30 segundos. Esto le ayudará a sentirse más cómodo cuando se encuentre ante su público y pensar rápidamente. De esta manera su atención estará en informar a la audiencia y no en estar nervioso.
"Practicar, practicar y practicar. No hay nada más eficaz que tenerlo todo bajo control para no sentir ansiedad. Recuerde que la ansiedad es sinónimo de miedo y el miedo aparece cuando no tenemos seguridad"

Cuando tenga que hablar en público utilice recursos propios para regular el sistema nervioso. Es decir, cuando esté nervioso es porque su sistema nervioso experimenta la vivencia como una amenaza y se activa. Hay que ayudarlo a relajarse antes de hablar en público. Observe en qué parte del cuerpo está sintiendo el miedo o ansiedad. No conteste desde la cabeza, deje que el cuerpo le de la información, obsérvelo de manera amigable. ¿A qué le teme? ¿Por qué se siente así?...
Una vez tenga identificado en qué lugar del cuerpo siente la ansiedad, acompañe la sensación con aceptación un rato, luego piense en algo agradable; una persona que estima, un lugar seguro... y observe qué pasa en su cuerpo cuando piensa en esto agradable. Quédese con la sensación corporal un rato y luego vuelva a sentir la ansiedad en el cuerpo y luego vaya otra vez al recurso. 

 
A continuación le exponemos algunos síntomas que puede sufrir por el miedo a hablar en público y cómo puede disimularlos:
  • Temblor de rodillas:  No uses prendas que marquen esta parte de tu cuerpo, falda por encima de las rodillas ni pantalones ajustados, unos pantalones que no sean ajustados pueden disimular si por tu panico escénico no logras evitar que tus rodillas tiemblen.
  • Sudar: Si padeces este un síntoma, no te quites la chaqueta aunque creas que te dará más calor. Evitará que tu audiencia vea las manchas de sudor en tu ropa y por lo tanto perciba tu pánico escénico. También haces bien en tener un pañuelo a mano y si lo necesitas úsalo para limpiarte el sudor de la cara.
  • Boca seca: Este es uno de los síntomas más fáciles de controlar. Basta con que te asegures de tener un vaso de agua a tu disposición, pero no bebas demasiadas veces pues este acto delataría tu pánico escénico.
  • Voz titubeante o temblorosa: Es habitual entre los que tienen pánico escénico respirar superficialmente, pero recuerda que eso le quita fuerza a tu voz y hace que suene temblorosa. Respira profundamente. Esto te permitirá tener un flujo de aire regular a tus cuerdas vocales y te ayudará a tranquilizarte.
  • Sonrojarte: Muchos autores recomiendan no preocuparse por el rubor en la cara al estar ante tu audiencia, debes seguir respirando profundamente y centrarte en lo que tienes que decir, con el tiempo el rubor desaparecerá, en realidad lo hará cuando logres tranquilizarte.
Por último, si tiene que hablar en público y tiene miedo escénico es mejor no consumir café, bebidas alcohólicas o chocolates antes de la presentación, ya que pueden aumentar la ansiedad.


Si ha puesto en práctica todo lo anterior o si ha tomado cursos para hablar en público y aún así sigue teniendo pánico escénico, busque ayuda psicológica. En Jaén tiene a su disposición psicólogos profesionales que le ayudarán a solucionar su problema mediante técnicas psicológicas eficaces y validadas empíricamente.

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