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viernes, 16 de octubre de 2015

SI NO COBRAS MÁS QUE TU VECINO NO ESTARÁS CONTENTO CON TU SALARIO

¿Cuánto es un salario aceptable? Lo primero que pensaréis será “aquel que da lo suficiente para vivir y poder ir desahogado”. Pero eso es lo que dice la lógica, y nuestra mente suele ser lógica en ocasiones contadas.

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Seguramente algun@s estaréis en desacuerdo con tal afirmación, pero según una investigación llevada a cabo por el científico cognitivo Paul Bloom, de la Universidad de Yale, el salario de una persona sólo se percibe como aceptable siempre y cuando sea superior al de su vecino.
“Si no cobras más que tu vecino, no estarás contento”
En una charla que dio el propio Bloom el pasado 11 de marzo, dejó claro que el ser humano solo es feliz si tiene más que los otros. Concebimos que ser mejor que es bueno. Esto viene a decir que si tuviéramos un salario astronómico, si nuestro entorno es superior, no estaríamos contentos con ello por mucho que nos sobrara para vivir y más. Curioso, ¿verdad?
Tenemos demasiada sensibilidad a “ser menos
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En su experimento, los investigadores de Yale dejaron a parejas de niños de 4 a 7 años elegir entre dos opciones:
  1. Ambos niños podrían obtener muchas fichas de poker que podrían canjear posteriormente por juguetes (la opción justa).
  2. Uno de los niños obtendría menos fichas que en el ejemplo anterior, pero el otro niño obtendría aún menos fichas (la opción de ventaja relativa).
¿Con qué opción creéis que se quedaban mayoritariamente los niños? Exacto, los niños preferían obtener menos fichas, siempre y cuando su compañero obtuviera menos fichas aún que ellos. Ya desde pequeños nos comportamos así, visto lo visto.
“Ellos no se preocupan por si es justo o no, buscan la ventaja relativa, tener más”
Bloom y sus colegas repitieron el experimento con niños de más edad. A partir de los 8 años, los niños empezaban a elegir la opción más razonable (mismas fichas para ambos), e incluso con 9 o 10 años tomaban decisiones altruistas, como recibir menos fichas con el fin de dar más al compañero. Bloom cree que esto se debe a la educación, y que por supuesto no es un cambio innato.

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Pero si os fijáis, como también comenta el propio Bloom, ya de adultos estamos influenciados por estos sesgos naturales y trabajamos duro para subvertirnos a ellos: Buscamos ser más, buscamos la ventaja relativa, y eso es puro instinto.

D. Francisco Pérez es Licenciado en Psicología, Psicólogo General Sanitario, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
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jueves, 1 de octubre de 2015

SI ERES MUJER DEBERÍAS LEER ESTO ACERCA DE LA DEPRESIÓN

En 2020 la depresión será la primera causa de discapacidad tras las enfermedades cardiovasculares, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es un mal que afecta a las mujeres el doble que a los hombres. Una de cada cinco tiene riesgo de sufrir un episodio a lo largo de su vida, según una encuesta realizada a más de 1.500 médicos y psiquiatras de atención primaria. Las mujeres padecen más depresiones leves o moderadas y de forma más frecuente, mientras que en los hombres prevalecen las depresiones de tipo grave o melancólico. Sin embargo, en las enfermedades mentales como la bipolaridad, la esquizofrenia o los trastornos obseso-compulsivos la incidencia es la misma en ambos sexos.

"La depresión afecta a las mujeres el doble que a los hombres"


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Todas las etapas fisiológicas por las que pasa la mujer durante su etapa de desarrollo, menstruación, embarazo, parto y postparto, lactancia y menopausia están dirigidas por las hormonas; esos mensajeros químicos que marcan la hoja de ruta en la vida de las mujeres. Los cambios en los niveles de estrógeno y progesterona, dos hormonas femeninas que se reproducen en los ovarios, generan las alteraciones que revolucionan a la mujer por dentro.

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Según los estudios epidemiológicos, aunque la depresión puede afectar a cualquier edad -incluidas niñas- hay mayor incidencia a partir de la pubertad hasta el final de la menopausia. Pero se da con más frecuencia entre los 25 y los 45 años. Según una encuesta de Actimude (Actitud de la Mujer ante la Depresión), un 38% de las depresiones en la mujer se asocia con la menopausia y un 17% con situaciones premenstruales. Un dato significativo si se tiene en cuenta que la mujer está un tercio de su vida con la menopausia.

"Se da con más frecuencia entre los 25 y los 45 años"


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Hoy por hoy, las mujeres afrontan de forma diferente la depresión que los hombres. Las mujeres recurren más al médico de cabecera, son más expansivas con sus emociones y no tienen problemas en solicitar ayuda. En los hombres hay mayor tasa de prevalencia de alcohol o de otras drogas, según datos de 2006 del Observatorio de la Salud, un 6,5% frente a un 0,9% en las mujeres. En este sentido, Julio Bobez, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, cree que no se ha demostrado que de las diferencias que pueda haber entre el funcionamiento cerebral de las mujeres y los hombres se derive que las mujeres sean más vulnerables a la depresión. "En lo que sí hay diferencias es en que si vas a una consulta verás que hay más mujeres que acuden por depresión que varones, porque éstas tienen un estilo de afrontar la salud distinto. Los hombres resisten más las disfunciones psicosociales y además, en muchos casos, las intentan solventar con alcohol y otras drogas".

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D. Francisco Pérez es Licenciado en Psicología, Psicólogo General Sanitario, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
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miércoles, 9 de septiembre de 2015

DEJAR ATRÁS EL PASADO

El pasado es algo que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. El lugar del que venimos actúa como una base para conformar quiénes somos, cómo actuamos y cómo pensamos acerca del mundo que nos rodea. Influye no sólo en nuestra perspectiva de vida, sino en muchas más cosas que ahora mismo ni siquiera imaginamos, como las sensaciones y emociones que tenemos ante algo o alguien que no conocemos y del que no tenemos información.


Todas las personas podrán recordar momentos buenos y malos de su trayectoria vital. Sin embargo, existe gente que parece tener una increíble facilidad para estar todo el día reviviendo su pasado. Pasar el día recordando aquello que sucedió antaño (tanto si es malo o bueno) no es precisamente la mejor opción para seguir con nuestras vidas, sino todo lo contrario. Nos mantiene estáticos, nos impide movilizar nuestra energía para realizar nuevos proyectos o, simplemente, disfrutar del día en que nos encontramos.

El problema surge cuando nuestro pasado no nos deja continuar hacia adelante con nuestra vida. Los recuerdos sobre aquello que fue o no fue vuelven a nuestra cabeza una y otra vez, haciendo interferencia con el momento actual en que nos encontramos, impidiéndonos disfrutar del instante que vivimos. Es en este punto cuando debemos tomar conciencia de que el pasado ya pasó (valga la redundancia) y que es en el presente donde nos encontramos.

Recordar aquello tan terrible que nos sucedió, lo mal que se portaron con nosotros, etc. trae de vuelta a nuestra cabeza aquellas emociones de malestar, culpa, vergüenza, rencor… que nos vuelven a hacer daño de nuevo una y otra vez, ¿nada productivo, verdad? Estas personas que se focalizan demasiado en el pasado, corren el peligro de caer sumidos en una gran tristeza o depresión, presas de sus desgracias e inmóviles ante un presente-futuro nada prometedor, ya que esto nos puede llevar a pensar que nuestra vida está destinada a la desdicha.


Es importante saber que para superar el pasado, en primer lugar debemos asumir que no va a cambiar, que debemos aceptar las cosas tal como fueron y dejarlo estar. Resulta fácil decirlo, sí, pero pasar página es imprescindible. Para ello, algunas de las cosas que debemos intentar hacer son:

1. Alza la vista hacia el mundo que te rodea. 

 

Levantar la vista de tu ombligo para pasar a mirar el sitio en el que estás y la gente que te rodea puede ser un buen primer paso para seguir hacia adelante.

 

2. Olvida a aquellos que te hicieron daño.

 

Como ya se ha dicho, vivir rememorando aquello que tanto nos hizo sufrir impide que se cierren esas heridas. Y, que quede claro, guardar resentimiento hacia esa persona (e incluso mostrárselo abiertamente) muchas veces no va a conseguir que el otro se sienta peor sino que somos nosotros los que más nos anclamos en aquello que sucedió.

3. Perdónate a tí mismo.

 

Comprender que las cosas que hicimos mal ya no pueden deshacerse. En vez de culparnos a nosotros mismos por haber actuado de una determinada forma y no de otra, sería más productivo buscar por qué hicimos eso. ¿Cuáles fueron los deseos, motivaciones o miedos que nos llevaron a hacer las cosas de ese modo?

4. Encuentra un sentido a tu vida.

 

Tener objetivos y metas en la vida nos permite afrontar los malos momentos. Saber que hay algo por lo que merecerá la pena seguir, nos da aliento para soportar las adversidades puesto que sabemos que cuando éstas terminen, podremos hacer aquello que anhelamos.

 

5. Volver a empezar. 


A lo largo de nuestra vida, podemos encontrarnos en situaciones que se nos exijan tener que volver a empezar desde cero. A pesar de que en un primer momento veamos todo negro, debemos pensar que eso no es así. Que nosotros no veamos las diferentes alternativas que tenemos no significa que éstas no existan o que no vendrán en un futuro.

Fuente: Psicopedia.

 
D. Francisco Pérez es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
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¡Porque nuestra salud mental es lo más importante!

martes, 5 de mayo de 2015

¿QUÉ SON "LOS NERVIOS"? APRENDE A CONTROLARLOS

"¡Qué nervioso estoy!", "estoy hecho un manojo de nervios", "me encuentro tan nerviosa que voy a estallar"... Todo el mundo les echa la culpa cuando las situaciones se escapan de las manos, cuando hay muchas cosas que hacer y muy poco tiempo, cuando se tiene miedo o se avecina un momento importante... ahí están los molestos nervios. Pero, ¿qué son exactamente los nervios?

No, nos estamos refiriendo a la parte del sistema nervioso con forma de filamentos. Los famosos "nervios" son el resultado físico y psíquico de una situación de ansiedad. La manifestación es clara: una persona dominada por la tensión, inquieta, intranquila, que se mueve de un lado para otro, con una agustia más o menos intensa, que puede estar irascible y hasta agresiva. Pero también tienen consecuencias físicas como la taquicardia, el temblor de manos, la sudoración y hasta crisis diarreicas. Todo ello es llana y puramente ansiedad, un estado de alerta del organismo que reacciona ante un estímulo que se vive como una amenaza.


En principio, la ansiedad surge cuando hay una mala conexión entre el sujeto y las exigencias del medio ambiente. Puede que estas sean excesivas o puede que el sujeto disponga de pocos recursos personales y resistencia ante los contratiempos. Otras veces, la ansiedad entra dentro del marco de una enfermedad psiquiátrica, como un síntoma más o, a veces, el más importante: las depresiones ansiosas o las crisis de ansiedad.

Estos "nervios" o estados de ansiedad pueden ser esporádicos y momentáneos, o bien mantenerse en el tiempo y hasta hacerse crónicos. Hay personas que siempre están nerviosas. Los efectos son ciertamente negativos y se ven a diario, tanto si uno los sufre como si ve a una persona ansiosa. A largo plazo, la ansiedad mantenida puede acarrear trastornos de tipo psicológico, como depresiones o alteraciones importantes del sueño.


Ante los "nervios" lo ideal es contrarrestarlos desde el punto de partida. Nunca deben ponerse como escudo o justificación de una conducta inadecuada o ineficaz. Hay que partir de una idea: nada es tan importante ni tan imprescindible como parece a primera vista. Hay que darle a cada cosa su justa importancia. Sólo cuando los "nervios" sean incontrolables o la ansiedad empiece a tener repercusiones psicológicas hay que acudir al especialista y posiblemente seguir un tratamiento específico.


D. Francisco Pérez es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.

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lunes, 23 de marzo de 2015

LA GATOTERAPIA. LOS EFECTOS BENEFICIOSOS DE CONVIVIR CON UN GATO.

La Gatoterapia, un novedoso tratamiento antiestrés con tu felino

La Gatoterapia es un tratamiento tradicional contra los síntomas del estrés, la ansiedad y el bajo estado de ánimo con la ayuda de gatos domésticos. Puede ayudarte a mejorar tu salud física y mental y tu calidad de vida global, a través de la interacción amistosa entre el gato y la persona.

Gatos y humanos: un poco de historia

Ya en tiempos ancestrales, el ser humano ha encontrado en ciertas especies animales una buena dosis de compañía y afecto. Además de la domesticación de los animales con el fin de preservar el sustento alimenticio (carne, leche), el abrigo (pieles, lana) y el desplazamiento (caballos), algunas especies han mantenido una relación de cariz más íntima con el hombre. En este sentido, dos de los animales que tradicionalmente han desempeñado ese rol son el perro y el gato, aunque cabe señalar que en el caso del can, su labor también solía vincularse a la caza, el pastoreo y la seguridad de la morada.
El gato (felis silvestris catus) es un pequeño mamífero predador. Los orígenes de la especie, o por lo menos sus primeros reportes científicos, se sitúan en el sur de Egipto en el año 3000 aC. En esos tiempos lejanos, los gatos ya gozaban de una gran consideración, hasta el punto de que los humanos les otorgaban una categoría de divinidad. Desde Egipto fue extendiéndose hacia otros muchas regiones, a través del comercio, fue fiel compañero de brujas, magos y curanderos. Posteriormente, fue acogido como cazador doméstico de pequeños animales roedores, que podían propagar enfermedades. En este sentido, el gato era un seguro de salud para el hombre. Además, fue paulatinamente creciendo su rol de amigo y compañero doméstico.
Muchas personas aseguran que la compañía del gato les reporta múltiples beneficios. Actualmente, existen más de cuarenta especies diferentes de felinos, cada uno con sus características propias: pelajes de todos los colores y formas (e incluso sin pelaje), con cola larga, cola corta, sin cola, con estructuras craneales muy distintas, etcétera.

El gato: descubriendo su personalidad y sus ‘propiedades antiestrés’

El gato es un animal muy autónomo, como ocurre con el resto de felinos. Su vínculo con los dueños de la casa se fundamenta en una especie de pacto de respeto mutuo. La compañía de un gato, a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de psicofármacos, contribuye a lograr buenos niveles de relajación sin el efecto secundario de perder el contacto con la realidad o ciertas cotas de conciencia. Acariciar un gato puede reducir el estrés, así como disminuir el nivel de presión sanguínea y la frecuencia de latidos del corazón. Por su parte, el ronroneo característico del gato (sonido que emite el felino cuando está cómodo y seguro) tiene un efecto positivo en el estado de ánimo de las personas, fomentando el buen humor y proporcionando confianza y seguridad. Las señales de afecto que el gato nos proporciona también tienen un efecto positivo en nuestra psique, ayudando a enfermos convalecientes a salir adelante de su situación gracias a su simple presencia.

Compañía felina, siempre bienvenida

Muchos especialistas recomiendan a personas que viven solas la compañía de un gato. Además de los aspectos positivos en la salud mental que ofrecen los pequeños felinos, los gatos no requieren de grandes cuidados, en comparación con, por ejemplo, los perros. Vivir acompañado de un gato también nos ayuda a comprendernos mejor a nosotros mismos y aceptarnos tal cual somos: los gatos no nos juzgan, no diferencian entre guapos y feos o ricos y pobres; solo reciben cariño y lo devuelven a su manera, de una forma completamente natural y sin artificios.
Las familias que conviven cerca de un gato también logran algunos beneficios psicológicos, puesto que fomentan y refuerzan la comunicación entre padres e hijos y entre hermanos. Además, la convivencia familiar con animales enseña a los niños a responsabilizarse de ciertas tareas, a respetar y amar a otras especies, y esto redunda en el refuerzo de actitudes sosegadas, relajadas y de distensión del estrés.

Salud mental, Gatoterapia y algunos datos

Los beneficios de la Gatoterapia en personas con algún tipo de discapacidad física o psíquica o con alguna clase de trastorno emocional o psíquico, han sido estudiados. Por ejemplo, entre los trastornos asociados a demencias (Alzheimer), el Autismo, el Síndrome de Down, el TDAH y los trastornos conductuales en niños y en trastornos del estado de ánimo, los beneficios parecen claros.
En los Estados Unidos, varios estudios revelaron que los pacientes aquejados de cardiopatía reportaron una progresión mejor y más rápida si convivían con un felino, incrementando así el porcentaje de supervivencia un año después de haber padecido un episodio agudo como por ejemplo, un infarto (Friedmann y Thomas, 1995).
Las personas que viven con gatos en casa tienen una probabilidad más baja de fallecer a causa de un infarto. Esta fue la conclusión a la que llegaron varios investigadores de la Universidad de Maryland. En el caso de la convivencia con perros, no se reportó el mismo efecto protector, posiblemente debido a los cuidados diarios que requieren los canes: los dueños de perros estuvieron en probabilidades cercanas a la media.
Varias asociaciones y fundaciones nacionales dedicadas a mejorar la calidad de vida de personas con trastornos mentales graves emplean a gatos como parte de la terapia. En niños autistas, por ejemplo, los gatos tienen distintos efectos positivos. Obviamente el gato no puede curar una psicopatología severa, pero sí se ha observado que el contacto de los enfermos con los felinos les aporta buenas dosis de felicidad, les devuelve la sonrisa, especialmente a aquellos que sufren de una vida bastante solitaria. 


El caso de los ancianos que viven en residencias geriátricas también es especialmente positivo en lo que refiere a los beneficios de convivir con gatos. Distintos estudios señalan que el contacto diario con un adorable gato, al que pueden interpelar, acariciar y cuidar, puede ayudar al anciano a verbalizar sus emociones y sentimientos, así como los recuerdos de su infancia. Estimular su memoria y expresar anécdotas y relatos de su vida pasada es algo realmente importante en pacientes con demencias seniles o Alzheimer, porque esta gimnasia mental resulta un factor básico a la hora de retrasar la degeneración de la calidad neuronal, culpable de la pérdida progresiva de memoria. El sentido táctil, pudiendo acariciar el gato y notar su ronroneo cuando está feliz estimula algunas terminaciones nerviosas que evocan recuerdos.

Los gatos no son juguetes

Se puede adoptar un gato acudiendo a la protectora de animales más cercana. Incluso, si lo estimas oportuno (aunque deberías evitarlo), puedes adquirir un cachorro en una tienda especializada en animales domésticos. Pero no debemos dejar de ser conscientes que un gato es un ser vivo, que tiene necesidades y sufre. Esto implica una responsabilidad hacia él. El gato debe ser desparasitado y vacunado convenientemente, además de que en la mayoría de países debe llevar un microchip identificativo.
Si este último párrafo está claro, solo podemos invitarte a gozar de la grata compañía de uno de los animales más amigables, misteriosos y beneficiosos para tu salud que pueda haber.


Fuente: Psicología y Mente

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jueves, 26 de febrero de 2015

APRENDER A CONVIVIR CON LAS EMOCIONES NEGATIVAS

Pensamos que la felicidad consiste en estar siempre bien, sonriendo, pletóricos, como la publicidad se encarga de sugerirnos si compramos ese champú o ese coche. Pero es falso. Cuando se busca el bienestar en cualquier aspecto se corre el peligro de dar la espalda al malestar emocional y la felicidad no se basa en anular las emociones incómodas, sino en saber aceptarlas y aprender a gestionarlas.


Las emociones “incómodas” tienen un por qué en nuestra vida. La tristeza, la ira o el miedo son emociones básicas con las que nacemos todos los mamíferos. Se procesan en nuestro sistema límbico y el motivo es muy sencillo: nos ayudan a sobrevivir. Si un niño no tuviera tristeza, no añoraría a sus padres, por ejemplo. Si no nos enfadáramos, seríamos incapaces de romper ciertas situaciones que nos dañan. Y si no sintiéramos miedo en determinados momentos, nuestra vida podría correr peligro. Cualquiera de estas tres emociones tienen un por qué. Otra cosa es que se amplifiquen y nos paralicen o nos hagan tomar decisiones muy poco inteligentes, como cuando nos atenazamos por miedo o nos inflamamos de rabia. Daniel Gilbert, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, va más allá. Nos dice que las emociones “negativas” son útiles porque nos permiten tener una brújula para apreciar las “positivas”. Es decir, para valorar las cosas necesitamos contrastes y estos no surgen si siempre estamos sin problemas los 365 días del año. Y aún hay más. Si el aprendizaje nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos, lo que se aprende en los desiertos o en situaciones que nos superan, no ocurre en los momentos dulces.


Por ello, necesitamos aprender a convivir con los momentos incómodos y con las emociones que tienen tan poco marketing, como la tristeza, el miedo o la ira. La felicidad no está en la ausencia de dichas emociones ni en la adquisición de cacharros que nos hagan nuestra existencia más cómoda. Está en saber aceptar los reveses a los que nos enfrentamos y descubrir qué tenemos que aprender de cada uno de ellos.

Fuente: El País

Francisco Manzaneda es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
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miércoles, 18 de febrero de 2015

LAS PASTILLAS NO CURAN LA ANSIEDAD

Esto es algo que sabemos los psicólogos desde siempre y que sin embargo decimos muy pocas veces, al menos no tantas veces como tendríamos que haberlo dicho para que se nos tome en consideración.
Lo que parece empezar a cambiar en este asunto, y creo que es buena idea aprovechar ese impulso, es que también los psiquiatras comienzan a percatarse de esta realidad, e incluso lo manifiestan públicamente. 

 
En una nota de prensa publicada en la sección de Salud de Europa Press y titulada “La prescripción de ansiolíticos para tratar la ansiedad es un error frecuente” (recomiendo su lectura), el vicepresidente de la Asociación Española de Psiquiatría Privada (Asepp) hace afirmaciones como ésta: Emplear ansiolíticos en el tratamiento de la ansiedad es un error que comenten con cierta frecuencia los médicos de Atención Primaria”, y va más allá diciendo “Este medicamento no debe administrarse de forma continuada, ya que su indicación es para las crisis de angustia”.
Sin valorar la intencionalidad de estas afirmaciones, compartiréis conmigo que tienen su importancia, viniendo de donde vienen, y sobre todo ante la evidencia de que, al menos en el Sistema Público de Salud español, recetar ansióliticos para tratar la ansiedad es algo bastante más que frecuente, y no sólo en los servicios de Atención Primaria, sino también por parte de los propios especialistas (psiquiatras generalmente).


Me gustaría ilustrar este artículo con mi propia experiencia como psicólogo clínico ejerciente en el sector privado en España.
No exagero en absoluto si digo que más de la mitad de los pacientes que veo cada día en consulta presenta algún problema relacionado con la ansiedad, ya sea como parte de su propia demanda o de forma “colateral”.
Tampoco exagero si afirmo que el 90% de estos pacientes acuden a mi consulta con un tratamiento farmacológico prescrito por su médico de cabecera, y que consiste generalmente en un ansiolítico (Diazepam, Lorazepam, Alprazolam…) y un antidepresivo (Paroxetina, Fluoxetina, Citalopran…).


La prescripción o no del antidepresivo depende generalmente de si, en el relato de los síntomas ante su médico, el paciente menciona o no palabras como “tristeza” o “desgana”. (No estoy exagerando tampoco en esto, he hecho alguna prueba al respecto con mis propios pacientes).
Pero aún hay dos realidades que empeoran si cabe este triste panorama. La primera es que, cuando el paciente viene derivado del especialista (psiquiatra), el tratamiento prescrito suele ser exactamente el mismo. La segunda es que, los pacientes que no llegan medicados a mi consulta (ese 10% que restaba), es porque antes no acudieron a su médico.

Voy a seguir ilustrando el artículo con algunas opiniones y publicaciones que justifican en cierto modo los signos de exclamación utilizados en el título de este post, y que refuerzan por otra parte la pequeña voz de un psicólogo privado en una pequeña ciudad de España.
En febrero de 2012, la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) publicó en su revista número 100 un revelador informe titulado “Menos fármacos y más psicoterapia”, que apareció en prensa con titulares como éste: “Tras realizar un amplio estudio sobre salud mental, la OCU pide que la psicoterapia sea el tratamiento prioritario para los pacientes diagnosticados con ansiedad y depresión menor, reservando la medicación solo para los casos en que ha demostrado su utilidad”.
En este informe se recogen opiniones de pacientes, médicos de atención primaria y especialistas, y todos ellos llegan a la misma conclusión: los antidepresivos y tranquilizantes se prescriben en demasiados ocasiones, a pesar de que el tratamiento de elección para la ansiedad y la depresión debe ser la psicoterapia.

"La OCU pide que la psicoterapia sea el tratamiento prioritario para los pacientes diagnosticados con ansiedad y depresión menor"
Por su parte, el Consejo General de Psicología de España, publicó también en febrero de 2012 el artículo “La tendencia a recetar fármacos para la ansiedad y la depresión cuestiona gravemente la calidad asistencial que se presta en nuestro Sistema Sanitario” en el que se recogen algunas evidencias científicas al respecto de los tratamientos considerados eficaces para la ansiedad y la depresión, con afirmaciones como la siguiente: “La tendencia a recetar fármacos de manera abusiva cuestiona gravemente la calidad asistencial que se ofrece a los ciudadanos, así como los intereses de la industria farmacéutica en perpetuar estos modelos de actuación en salud mental”.

Conclusión

Que la ansiedad no se cura con pastillas parece ser una evidencia científica que no deja lugar a dudas. Sin embargo, no es posible mostrar la evidencia a quién no quiere verla, y parece igualmente claro que aquellos que pueden tomar medidas al respecto siguen manteniendo los ojos cerrados.
No obstante considero necesario que todos los que nos dedicamos a la salud mental, desde la posición que sea, sigamos manifestando públicamente nuestra opinión, incluso enmarcándola entres signos de exclamación si es necesario, hasta que alguien se digne a tomar medidas. Al fin y al cabo estamos hablando de salud, y eso nos importa a todos.


Me parece acertado terminar esta reflexión con una nueva cita al artículo antes mencionado que a modo de conclusión es contundente: “Por todo esto, podría ser útil que nuestras autoridades reflexionaran acerca de qué intereses están condicionando que no se provea a la población con los mejores tratamientos posibles, según demuestra la evidencia científica, siendo que, además, resultan ser los más económicos y los que más propician la reducción del gasto sanitario y social (incapacidad laboral) a medio y largo plazo. ¿Tiene sentido que sigamos apostando por terapias menos eficientes en un sistema público que requiere cada vez más del uso de la mayor racionalidad económica para garantizar su sostenibilidad?”.

Fuente: Psicopedia


Francisco Manzaneda es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
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lunes, 19 de enero de 2015

ENCONTRAR SENTIDO A LA VIDA

Al ser humano le gusta sentir cierto control sobre su vida, sentirse agente activo de su destino, ser el verdadero protagonista de los acontecimientos que se van desenvolviendo a su paso. Eso le hace sentir seguro, tranquilo, y por lo tanto, en armonía y satisfecho. Y eso, puede ser algo muy parecido al concepto de felicidad.

“Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo” esta es la frase con la que Nietzsche pone de manifiesto el papel revelador de las metas.

Proponte algo, tendrás una razón para levantarte y un argumento para sortear los obstáculos que distancien tu yo actual de tu yo ideal. Y al contrario, si no sabes hacia dónde dirigir tu acción, ¿cómo motivarte a actuar?

Viktor Frankl, psiquiatra, sobreviviente a varios campos de concentración nazis y fundador de la Logoterapia, volvió a hacer referencia a esta frase nietzscheana para remarcar que todos tenemos un propósito en esta vida, y hallarlo es la mejor garantía de bienestar.
Pudo comprobar cómo los supervivientes de los campos de concentración nazis fueron los que pensaban que aún tenían algo pendiente por hacer. Concentrarse en la meta a la que tenían que dirigir sus esfuerzos por sobrevivir, les sirvió para encontrar la manera de hacerlo.


Si encuentras un sentido a tu vida, encuentras tu parcela de felicidad, porque ya sabes hacia dónde te diriges, tus acciones se encaminan hacia ello, y tus emociones se interpretan a través del propósito que te has trazado.
¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo encuentro mi objetivo vital? No hay una serie limitada de estrategias para trazar el sentido de tu vida. La lista bien podría ser infinita, ¿por qué no? Ahí van tan sólo unas cuántas maneras de aproximarte a ello:

1. Haz recuento de lo aprendido:

 

Encontrar tu objetivo vital ni es algo mágico, ni te imagines que es una revelación fortuita. Más bien considéralo como un proceso en el que tienen cabida tus experiencias, tu forma de ser, las personas con las que has convivido o entrado en contacto, distintas piezas claves de tu vida que van dejándote un pequeño aprendizaje.
Tu pasado puede darte bastante información, en especial aquello que ya sabes que no te motiva, que no te impulsa a la acción. Echa un vistazo atrás y observa cuáles son las áreas, las personas, las actividades, los lugares y las experiencias de las que más has aprendido.

2. Redescubre lo que te inspira y te hace fluir:

 

¿Conoces el estado de flow o fluir?
¿Sabes esa sensación de estar tan inmerso en una actividad que pierdes la noción del tiempo por completo, y todo lo demás queda relegado a un segundo plano? Estás tan absorto en esa tarea, disfrutándola al cien por cien que el pensamiento, la emoción y la acción fluyen de forma natural. Te implicas de lleno, absolutamente concentrado, rindiendo al máximo, haciendo lo que verdaderamente quieres sin que te suponga esfuerzo.
Fluir es un estado emocional positivo que fue desarrollado por Mihály Csikszentmihalyi, uno de los investigadores más relevantes de la Psicología Positiva. Aparece cuando sales de tu zona de confort y seleccionas tareas que te suponen un reto y desafían tus capacidades, pero no las exceden. Es decir, ni excesivamente fáciles ni demasiado difíciles.
¿Sabes ya que actividades te despiertan ese estado?


3. Encuentra tu valor único, lo que te distingue:

 

Observa lo que suelen admirar los demás en ti, aquello que suelen alabarte o reforzarte, lo que les empuja a relacionarse contigo y salir a tu encuentro.
  • ¿Qué es lo que quieren o necesitan de ti?
  • ¿Qué tienes que ofrecerles?
  • ¿Cómo cambian o se transforman las personas como resultado de lo que tú compartiste con ellos?

 

4. Selecciona a quién eliges para caminar contigo:

 

Hay personas con las que te relacionas que te vienen impuestas o dadas, pero hay otras a las que eliges conscientemente para compartir, crear, sentir o intercambiar. Son con estas últimas con las que generas vínculos que son gratificantes por sí mismos; y que, de alguna manera, pueden dotar de sentido tus actos.
No es que tengas que vivir por y para alguien, o sí, tú decides; se trata más bien de ver si el hecho de incluir a ciertas personas en tu vida hace que el resto de piezas de tu existencia encajen mucho mejor.

5. Conócete a ti mismo:

 

A veces no encuentras la respuesta porque no te estás haciendo la pregunta adecuada. No tienes que resolver un enigma, ni consultar a grandes maestros, gurús o guías espirituales. Dedica un tiempo semanal a saber más de ti, de la misma manera que lo inviertes en conocer a alguien cuando te sientes atraído por él.
¿Cuáles pueden ser esas preguntas que te ayuden a conocerte? Algunos ejemplos podrían ser:
  • ¿Qué es lo que consideras imprescindible en tu vida?
  • ¿Qué ha supuesto un antes y un después en tus días?
  • ¿Qué parte de ti es la que más te reconforta y satisface? ¿La potencias? ¿La mantienes? ¿La cuidas y desarrollas?
  • ¿Qué estabas haciendo la última vez que te sentiste feliz?
  • ¿Con qué fragmento de un día cualquiera de tu vida te identificas más o te defines?
Te encuentres en la etapa de tu vida que te encuentres, puedes renovar, consolidar o reemplazar tu propósito vital.
¿Sabes cuál es tu objetivo en esta vida? ¿Has descubierto el sentido de tu vida?

Fuente: Psicopedia.org

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jueves, 6 de noviembre de 2014

CÓMO VOLVERSE LOCO: TE ENSEÑAMOS A DESARROLLAR UNA DEPRESIÓN


Querido lector, está usted de enhorabuena. ¡Cuántas veces habrá leído consejos y recomendaciones para evitar o afrontar un determinado trastorno mental! Pues bien, la mayoría de las veces eso es tarea fácil. Lo realmente complicado es desarrollar el trastorno. Por eso, a continuación le voy a dar unas pautas para alcanzar una depresión en toda regla. No me de las gracias, no las merece.

Para que su caso resulte lo más típico posible, le aconsejo que sea en la edad adulta cuando desarrolle una depresión de caballo. Hay que esperar un momento propicio del año, generalmente en torno a los equinoccios. Le aconsejo el final de la primavera, cuando las otras personas empiezan a renacer con el sol, a mirarse a sí mismas y a los demás. Reclúyase en casa y cierre todas las ventanas y persianas. Acuéstese en la cama a oscuras, con el objetivo de dormitar. Si tiene cosas que hacer, vaya aplazándolas (de todas formas, en Jaén hay poco que hacer ¿no?). Evite el contacto con otras personas y no cumpla sus compromisos, hasta se puede entretener pensando en todas las cosas que tendrá que resolver durante su vida, y entonces verá que es imposible vivir. Vamos bien. Quédese mirando el vacío o, mejor aún, las porquerías de la televisión (en Jaén hay poco que hacer ¿verdad?). Después de un día soñoliento, pasará las noches en blanco, pero así es como conseguirá desincronizar su reloj corporal. Muéstrese indiferente con respecto a todo, que alguien cuidará de usted. Si alguien lo critica, tanto mejor. Un buen depresivo sabe que se merece todos los insultos porque se ha transformado en un trapo inútil, en el ser más despreciable de la humanidad. 


Al sentirse así, se encuentra ya tan desincronizado que su organismo reacciona con la hibernación. Su reloj corporal es ahora un caos y usted se merece ahora el diagnóstico de depresión mayor con melancolía. Para alcanzar la graduación máxima (con componente psicótico), basta con salir un poco de la realidad y suponer, por ejemplo, que se ha podrido, que está muerto y esperando el entierro (delirio de Cotard). 

 
Es evidente que existe tratamiento para ello, pero tampoco se decide a acudir al psicólogo (echaría por tierra todos sus intentos de convertirse en un máster de la depresión). Tal vez se entretenga pasando por otros especialistas o médicos alternativos, tomando medicamentos ineficaces que harán arder su depresión a fuego lento (¡ese el camino!). Así tendrá tiempo de sobra para poner en cuestión toda su vida y, quién sabe, para tomar decisiones desastrosas. Algún día se cansará, pero también debo decirle que la verdadera depresión no dura eternamente, siento darle esta mala noticia. Un mal día se despertará por la mañana, abrirá la ventana de su habitación y verá qué hermosa es la salida del sol. Ese día se sentirá feliz y todo le irá bien. Se encontrará estúpido por el estado al que se dejó arrastrar por la depresión, y pensará en recuperar el tiempo perdido. Empezará a desmadrarse.

Estimado lector, si usted continúa desmadrado (o si alcanzó ese estado por medio de la depresión), puede ponerse manos a la obra de inmediato y prepararse para la manía (la persona que padece un estado de manía presenta un estado de ánimo anormalmente eufórico y exaltado, un excesivo humor, que puede manifestarse como una euforia o una gran irritabilidad y excitabilidad. Muy a menudo se acompaña de ideación cercana a los delirios de grandeza, excesiva alegría, excitación y de conducta desinhibida).
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