martes, 10 de febrero de 2015

LA TERAPIA DE CONDUCTA EN PROBLEMAS DE PAREJA

La gran resistencia cultural a asimilar planteamientos científicos en los temas relacionados con el comportamiento humano ha sido una constante de nuestra civilización. Los medios de comunicación de masas y la "prensa del corazón" suelen ser exponentes representativos de "culturización" idealista en estos temas. El saber popular, fiel reflejo del contexto cultural, y cuantos tímidos intentos se hicieron desde una perspectiva algo más profesional han estado impregnados también de cierto idealismo. El "estar o no estar enamorados" viene a ser el factor causal relevante. Cuando una pareja "está enamorada" transcurren sus relaciones con normalidad; en cambio los problemas comienzan cuando uno u otro deja de "estar enamorado". El amor se convierte así en el elemento explicativo por excelencia: "el amor lo vencerá todo". Claro está, "amor" es una palabra que no se sabe qué define, cómo se adquiere ni cómo se pierde, y ante la que, por su falta de concreción y operatividad, no sabremos qué hacer. El planteamiento derrotista de la resignación no es ni más ni menos que una consecuencia lógica del planteamiento idealista, vago e inconcreto del amor: "o se está o no se está enamorado, y si no... ¡qué le vamos a hacer! ¡resignación!".


La aproximación de la terapia del comportamiento a la problemática de pareja es altamente estructurada y explícitamente didáctica. Enfatiza los principios de aprendizaje y se orienta no sólo hacia el cambio de conducta sino también, y sobre todo, hacie el entrenamiento en habilidades de cambio de conducta. En este enfoque las parejas aprenden a realizar análisis funcionales de sus propias conductas y de las de su compañero y a utilizar procedimientos específicos tales como el reforzamiento positivo, el moldeamiento, etc.


El objetivo básico de este enfoque es el entrenamiento en habilidades de comunicación y de solución de problemas con el fin de que la pareja resuelva, de modo autónomo, no sólo sus problemas actuales sino también aquellos que en un futuro pudieran plantearse. El terapeuta conductual de pareja no se centra en la resolución de problemas específicos sino más bien en el proceso por el que las parejas adquieren una serie de habilidades para llegar a solucionarlos.

El papel del terapeuta se parece al de un maestro de habilidades de comunicación que intenta que la pareja adquiera la competencia necesaria para funcionar con idependencia de él. En este sentido constituye una aproximación preventiva, en tanto en cuanto las parejas abandonan la terapia con los medios suficientes para resolver sus problemas en el futuro.
Sin el amor que encanta
la soledad de un ermitaño espanta.
¡Pero es más espantosa todavía
la soledad de dos en compañía!
                                                         RAMÓN DE CAMPOAMOR


Francisco Manzaneda es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Especialización Didáctica, Especialista en Terapia Cognitiva y Conductual Infanto-Juvenil y colegiado nº AO-06199. Ejerce su profesión en su consulta privada en Jaén capital.
 
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jueves, 22 de enero de 2015

MIEDO A HABLAR EN PÚBLICO O PÁNICO ESCÉNICO

Algunas personas sienten un gran temor o ansiedad cuando tienen que hablar en público, ante un grupo numeroso. Desde Supera Psicología Clínica y de la Salud Jaén queremos ofrecerte algunas recomendaciones si te encuentras entre estas personas. 


¿Que puedes hacer si necesitas hablar en público y tienes miedo escénico? 

1. PLANEE: Conozca el propósito de su presentación y las expectativas de la audiencia. Aprenda sobre su público, quiénes y cuántos son, por qué están ahí, cuánto saben del tema que presentará, etc. Escoja dos o tres puntos a desarrollar. Sepa con cuánto tiempo cuenta y evalúe si éste es suficiente para cubrir el material. Investigue sobre el tema que va a presentar, profundice sobre información que la mayoría de la audiencia no conoce, suministre estudios e investigaciones. 
"En resumidas cuentas, si pretendes no sentir pánico escénico debes conocer a la perfección el material que vas a presentar"

2. PRACTIQUE: Antes de hablar en público ensaye su presentación, dígala en voz alta, hable desde su punto de vista. Utilice medios audiovisuales. Tenga a mano palabras o frases claves que le ayuden a recordar la secuencia y puntos importantes de su conferencia. Grábese y escúchese hablar, mire el tono de su voz, hable con entusiasmo. Haga una lista de 10 posibles preguntas que le pueden hacer, grábelas y contéstelas en 20 ó 30 segundos. Esto le ayudará a sentirse más cómodo cuando se encuentre ante su público y pensar rápidamente. De esta manera su atención estará en informar a la audiencia y no en estar nervioso.
"Practicar, practicar y practicar. No hay nada más eficaz que tenerlo todo bajo control para no sentir ansiedad. Recuerde que la ansiedad es sinónimo de miedo y el miedo aparece cuando no tenemos seguridad"

Cuando tenga que hablar en público utilice recursos propios para regular el sistema nervioso. Es decir, cuando esté nervioso es porque su sistema nervioso experimenta la vivencia como una amenaza y se activa. Hay que ayudarlo a relajarse antes de hablar en público. Observe en qué parte del cuerpo está sintiendo el miedo o ansiedad. No conteste desde la cabeza, deje que el cuerpo le de la información, obsérvelo de manera amigable. ¿A qué le teme? ¿Por qué se siente así?...
Una vez tenga identificado en qué lugar del cuerpo siente la ansiedad, acompañe la sensación con aceptación un rato, luego piense en algo agradable; una persona que estima, un lugar seguro... y observe qué pasa en su cuerpo cuando piensa en esto agradable. Quédese con la sensación corporal un rato y luego vuelva a sentir la ansiedad en el cuerpo y luego vaya otra vez al recurso. 

 
A continuación le exponemos algunos síntomas que puede sufrir por el miedo a hablar en público y cómo puede disimularlos:
  • Temblor de rodillas:  No uses prendas que marquen esta parte de tu cuerpo, falda por encima de las rodillas ni pantalones ajustados, unos pantalones que no sean ajustados pueden disimular si por tu panico escénico no logras evitar que tus rodillas tiemblen.
  • Sudar: Si padeces este un síntoma, no te quites la chaqueta aunque creas que te dará más calor. Evitará que tu audiencia vea las manchas de sudor en tu ropa y por lo tanto perciba tu pánico escénico. También haces bien en tener un pañuelo a mano y si lo necesitas úsalo para limpiarte el sudor de la cara.
  • Boca seca: Este es uno de los síntomas más fáciles de controlar. Basta con que te asegures de tener un vaso de agua a tu disposición, pero no bebas demasiadas veces pues este acto delataría tu pánico escénico.
  • Voz titubeante o temblorosa: Es habitual entre los que tienen pánico escénico respirar superficialmente, pero recuerda que eso le quita fuerza a tu voz y hace que suene temblorosa. Respira profundamente. Esto te permitirá tener un flujo de aire regular a tus cuerdas vocales y te ayudará a tranquilizarte.
  • Sonrojarte: Muchos autores recomiendan no preocuparse por el rubor en la cara al estar ante tu audiencia, debes seguir respirando profundamente y centrarte en lo que tienes que decir, con el tiempo el rubor desaparecerá, en realidad lo hará cuando logres tranquilizarte.
Por último, si tiene que hablar en público y tiene miedo escénico es mejor no consumir café, bebidas alcohólicas o chocolates antes de la presentación, ya que pueden aumentar la ansiedad.


Si ha puesto en práctica todo lo anterior o si ha tomado cursos para hablar en público y aún así sigue teniendo pánico escénico, busque ayuda psicológica. En Jaén tiene a su disposición psicólogos profesionales que le ayudarán a solucionar su problema mediante técnicas psicológicas eficaces y validadas empíricamente.

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martes, 20 de enero de 2015

¿FÁRMACOS PARA EL TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD (TDAH)?

La prevalencia del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) ha alcanzado, en las últimas décadas, dimensiones epidémicas. Con esta afirmación, numerosos expertos han definido el vertiginoso aumento que se ha ido registrando en el número de casos diagnosticados como TDAH.

Ante este panorama, resulta lógico preguntarse entonces cuál es el tratamiento más adecuado para el abordaje del TDAH. Si atendemos a la Guía de Práctica Clínica para el TDAH del Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica (NICE) de Reino Unido, las recomendaciones proponen la intervención psicosocial frente a la farmacológica, como tratamiento de primera línea en niños y adolescentes. Es imprescindible subrayar aquí el papel fundamental que juegan los psicólogos a la hora de implementar este tipo de tratamientos.

Sin embargo, es la intervención farmacológica la que está cobrando un mayor peso, no sólo entre los profesionales de la salud, sino también en nuestra sociedad, donde cada vez está más arraigada la creencia de que es el tratamiento más eficaz para abordar la hiperactividad -a pesar de que, como ya hemos señalado con anterioridad, no hay evidencias sólidas que lo apoyen-.
De hecho, los últimos datos muestran un crecimiento alarmante en el número de prescripciones de psicofármacos, directamente proporcional al número de diagnósticos de hiperactividad.
"las recomendaciones proponen la intervención psicosocial frente a la farmacológica"

El incremento es tal, que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a través del Fondo de Naciones Unidas para la infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha hecho un llamamiento a los profesionales de la Salud Mental infanto-juvenil, urgiéndoles a realizar un diagnóstico “correcto y estricto”, y a establecer un tratamiento farmacológico “solamente con posterioridad a la tentativa de otro tipo de tratamientos psicopedagógicos y/o conductuales” (García Peñas & Domínguez Carral, 2012).

 
No menos impactantes son las revelaciones de Allen Frances, psiquiatra y presidente del grupo de trabajo del DSM-IV, al afirmar que “el afán de las farmacéuticas por encontrar un nuevo trastorno y convertirlo en moda” ha sido, en gran parte, la razón de la existencia, hoy en día, de tres nuevas falsas epidemias de trastornos mentales infantiles: el TDAH, el trastorno bipolar y el autismo. A este respecto, puntualiza: “la forma más fácil de predecir que un niño va a padecer TDAH es su cumpleaños. Si eres el niño más pequeño de tu clase, tienes el doble de posibilidades de padecerlo que si eres el más mayor. Estamos transformando la inmadurez en enfermedad, y en vez de tratarla en clase, estamos gastando millones de dólares en medicamentos”.

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lunes, 19 de enero de 2015

ENCONTRAR SENTIDO A LA VIDA

Al ser humano le gusta sentir cierto control sobre su vida, sentirse agente activo de su destino, ser el verdadero protagonista de los acontecimientos que se van desenvolviendo a su paso. Eso le hace sentir seguro, tranquilo, y por lo tanto, en armonía y satisfecho. Y eso, puede ser algo muy parecido al concepto de felicidad.

“Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo” esta es la frase con la que Nietzsche pone de manifiesto el papel revelador de las metas.

Proponte algo, tendrás una razón para levantarte y un argumento para sortear los obstáculos que distancien tu yo actual de tu yo ideal. Y al contrario, si no sabes hacia dónde dirigir tu acción, ¿cómo motivarte a actuar?

Viktor Frankl, psiquiatra, sobreviviente a varios campos de concentración nazis y fundador de la Logoterapia, volvió a hacer referencia a esta frase nietzscheana para remarcar que todos tenemos un propósito en esta vida, y hallarlo es la mejor garantía de bienestar.
Pudo comprobar cómo los supervivientes de los campos de concentración nazis fueron los que pensaban que aún tenían algo pendiente por hacer. Concentrarse en la meta a la que tenían que dirigir sus esfuerzos por sobrevivir, les sirvió para encontrar la manera de hacerlo.


Si encuentras un sentido a tu vida, encuentras tu parcela de felicidad, porque ya sabes hacia dónde te diriges, tus acciones se encaminan hacia ello, y tus emociones se interpretan a través del propósito que te has trazado.
¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo encuentro mi objetivo vital? No hay una serie limitada de estrategias para trazar el sentido de tu vida. La lista bien podría ser infinita, ¿por qué no? Ahí van tan sólo unas cuántas maneras de aproximarte a ello:

1. Haz recuento de lo aprendido:

 

Encontrar tu objetivo vital ni es algo mágico, ni te imagines que es una revelación fortuita. Más bien considéralo como un proceso en el que tienen cabida tus experiencias, tu forma de ser, las personas con las que has convivido o entrado en contacto, distintas piezas claves de tu vida que van dejándote un pequeño aprendizaje.
Tu pasado puede darte bastante información, en especial aquello que ya sabes que no te motiva, que no te impulsa a la acción. Echa un vistazo atrás y observa cuáles son las áreas, las personas, las actividades, los lugares y las experiencias de las que más has aprendido.

2. Redescubre lo que te inspira y te hace fluir:

 

¿Conoces el estado de flow o fluir?
¿Sabes esa sensación de estar tan inmerso en una actividad que pierdes la noción del tiempo por completo, y todo lo demás queda relegado a un segundo plano? Estás tan absorto en esa tarea, disfrutándola al cien por cien que el pensamiento, la emoción y la acción fluyen de forma natural. Te implicas de lleno, absolutamente concentrado, rindiendo al máximo, haciendo lo que verdaderamente quieres sin que te suponga esfuerzo.
Fluir es un estado emocional positivo que fue desarrollado por Mihály Csikszentmihalyi, uno de los investigadores más relevantes de la Psicología Positiva. Aparece cuando sales de tu zona de confort y seleccionas tareas que te suponen un reto y desafían tus capacidades, pero no las exceden. Es decir, ni excesivamente fáciles ni demasiado difíciles.
¿Sabes ya que actividades te despiertan ese estado?


3. Encuentra tu valor único, lo que te distingue:

 

Observa lo que suelen admirar los demás en ti, aquello que suelen alabarte o reforzarte, lo que les empuja a relacionarse contigo y salir a tu encuentro.
  • ¿Qué es lo que quieren o necesitan de ti?
  • ¿Qué tienes que ofrecerles?
  • ¿Cómo cambian o se transforman las personas como resultado de lo que tú compartiste con ellos?

 

4. Selecciona a quién eliges para caminar contigo:

 

Hay personas con las que te relacionas que te vienen impuestas o dadas, pero hay otras a las que eliges conscientemente para compartir, crear, sentir o intercambiar. Son con estas últimas con las que generas vínculos que son gratificantes por sí mismos; y que, de alguna manera, pueden dotar de sentido tus actos.
No es que tengas que vivir por y para alguien, o sí, tú decides; se trata más bien de ver si el hecho de incluir a ciertas personas en tu vida hace que el resto de piezas de tu existencia encajen mucho mejor.

5. Conócete a ti mismo:

 

A veces no encuentras la respuesta porque no te estás haciendo la pregunta adecuada. No tienes que resolver un enigma, ni consultar a grandes maestros, gurús o guías espirituales. Dedica un tiempo semanal a saber más de ti, de la misma manera que lo inviertes en conocer a alguien cuando te sientes atraído por él.
¿Cuáles pueden ser esas preguntas que te ayuden a conocerte? Algunos ejemplos podrían ser:
  • ¿Qué es lo que consideras imprescindible en tu vida?
  • ¿Qué ha supuesto un antes y un después en tus días?
  • ¿Qué parte de ti es la que más te reconforta y satisface? ¿La potencias? ¿La mantienes? ¿La cuidas y desarrollas?
  • ¿Qué estabas haciendo la última vez que te sentiste feliz?
  • ¿Con qué fragmento de un día cualquiera de tu vida te identificas más o te defines?
Te encuentres en la etapa de tu vida que te encuentres, puedes renovar, consolidar o reemplazar tu propósito vital.
¿Sabes cuál es tu objetivo en esta vida? ¿Has descubierto el sentido de tu vida?

Fuente: Psicopedia.org

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jueves, 8 de enero de 2015

TE PIENSO ¿SE PUEDE?

Holadiós, abuelo ¿Qué tal estás hoy?

"La vida es así", "tenía muchos años ya", "es ley de vida", "mejor que se marche a que esté sufriendo", "él ya no quería seguir viviendo"... Eso dice la gente.
Pero no, no es así la cosa, al menos para mí.
No es tan simple, no.
No me consuela.

También he oído de la gente que "dios aprieta pero no ahoga"
¿Quién es dios? ¿quién aprieta? ¿quién ahoga?
A quienquiera que lea la frase le parecerá fácil la respuesta pero YO no la encuentro.
Aun así, si eso fuera cierto sería una gran putada. Apriétame y ahógame de una vez. O no me aprietes y no me ahogues. Elige. Es que si me aprietas pero no me ahogas no conseguimos nada, salvo mi sufrimento.
Claro, quizá se trate de eso.

Abuelo, dicen que tenemos que estar orgullosos de ti, que has vivido como has querido, que te has ido sin sufrir.

¿Ido? ¿A dónde?
¿Sufrir? ¿Por qué?
Yo también me voy sin sufrir cuando viajo a algún lugar.
¡Menudas tonterías dice la gente!

Pero ¿es que realmente te fuiste? Estoy empezando a pensar que sí porque hace días que no te veo. El timbre de mi puerta ha dejado de sonar. Tu televisión ya no suena alto. El ascensor sólo llega a nuestro portal cuando yo voy en él.

Yo ya no puedo verte. Entonces... ¿te marchaste o simplemente no te veo porque NO ESTÁS?
¡Espera! Si no estás... ¿es que te has ido? Cuando yo me marcho voy a algún lugar. ¡Tú también! ¿a que sí? El que no está es porque se fue, claro.

Pero ¿dónde estás? Es que no consigo verte.
Te busco.
Te pienso. ¿Se puede pensar a alguien?

Me vas a perdonar pero insisto, es que todos nos vamos a algún lugar en algún momento y durante algún tiempo. ¡Joder! ¡Pero regresamos! ¿Cuándo vuelves tú? ¿Cuándo has dicho? No te oigo. Claro, no me puse el aparato. Como tú. ¡Cabezón! Nunca te gustó demasiado, lo sabemos.

El otro día me fui.
Sí, me fui a unos kilómetros de aquí.
Pero regresé.
Y mira, sigo aquí (o eso creo).
¿Acaso no me ves? Estoy muy cerca de tu casa, como siempre, a tu lado.
¿Y tú? Dicen que también te fuiste el otro dia, el 5 de enero de 2015. De hecho yo pude ver cómo te ibas.
Entonces eso quiere decir que regresas, ¿verdad? ¿Cuándo? ¿De dónde? Más que nada por esperarte, no vayamos a cruzarnos en el portal por sorpresa. Me (nos) gustaría volver a verte. Yo, al menos, te necesito. Está bien, no te necesito pero sí que me gustaría estar a tu lado, que entraras a espantar a los pájaros, que me preguntaras si necesito algo.

Son tantas las preguntas... y sin embargo la gente dice que no me las haga, que no hallaré respuesta, ¡Qué ignorantes! ¿verdad?

¡Espera! ¡Ahora lo veo claro! (o al menos eso creo). Claro, te has marchado para no volver, si es que eso es posible. Por eso no dices nada, porque no quieres que te echemos en falta, que te echemos de menos, que te añoremos, que te pensemos.

Sigo sin saber si se puede pensar a alguien. ¿Se puede?

Verás, abuelo, si te vas y no dices nada nunca sabremos que te fuiste, aunque veamos cómo te marchas. Y tampoco sabremos a dónde. Por eso no podemos buscarte, nunca podremos encontrarte pero sí pensarte. ¡Bien! Ahora lo comprendo, al fin lo tengo claro.

Miento.
No entiendo nada, estoy como al principio pero...
te pienso 

¿Se puede?

miércoles, 3 de diciembre de 2014

LAS HABILIDADES SOCIALES

Prácticamente todo el mundo conoce a personas que pueden describirse como interpersonalmente hábiles o socialmente competentes. Se trata de individuos que parecen poseer la habilidad de relacionarse con los demás de una forma eficaz y que resultan muy reforzantes para aquellos con quienes interactúan. En un acto social, son personas que entablan relaciones con facilidad, conversan con otros, transmiten y recaban información sin tropiezos durante las conversaciones y dejan a los demás con una agradable sensación después de la interacción. 


Algunas personas parecen haber desarrollado un estilo social que les permite alcanzar resultados interpersonales reforzantes, logrando, al mismo tiempo, que los demás se formen una opinión favorable de ellos; expresiones como "extrovertido", "asertivo" y "socialmente hábil" se emplean para describir a los que poseen tales capacidades. Por otro lado, los problemas interpersonales son una característica definitoria de muchos trastornos emocionales y conductuales.

Pero... ¿qué son las habilidades sociales?

Podemos definir las habilidades sociales como aquellas conductas aprendidas que ponen en juego las personas en situaciones interpersonales para obtener o mantener reforzamiento del ambiente. Así, las habilidades sociales pueden considerarse como vías o rutas hacia los objetivos de un individuo.
De esta forma, las habilidades sociales son el conjunto de conductas útiles para relacionarte satisfactoriamente con los demás. Son las aptitudes que los humanos utilizamos más habitualmente y que en mayor medida determinan nuestro grado de felicidad, pero paradójicamente también son las que menos nos hemos esforzado por estudiar y comprender. Quizás porque creemos que no hay nada que entender.


Pese a que hay mucha gente que se considera incapaz de desarrollarlas por frenos psicológicos como la timidez o fobia social, las habilidades sociales no son innatas. No has nacido programado de serie con mejores o peores habilidades, y eso tiene dos implicaciones muy positivas:
  • Aunque lo habitual es que las adquieras durante los primeros años de vida, son conductas y por lo tanto también las puedes aprender durante la etapa adulta.
  • La psicología ha convertido estas conductas en ciencia y ha detectado cuáles son los patrones que permiten interactuar mejor con nuestro entorno, por lo que la solución es que los conviertas en un hábito.
Ejemplos de habilidades sociales son:
  • Asertividad: Una forma de comunicarte en la que defiendes tus derechos, expresas tus opiniones y realizas sugerencias de forma honesta y no agresiva. De hecho, la asertividad no es más que respetarte a ti mismo respetando a los demás. Decir lo que realmente piensas controlando el mensaje que quieres transmitir para que no sea demasiado agresivo o frágil. Aunque parezca sencillo, mucha gente todavía tiene que aprender a hacerlo.
  • Empatía: La empatía permite hacer referencia a la capacidad intelectiva de todo ser humano para vivenciar la forma en que otro individuo siente. Esta capacidad puede desembocar en una mejor comprensión de sus acciones o de su manera de decidir determinadas cuestiones. La empatía otorga habilidad para comprender los requerimientos, actitudes, sentimientos, reacciones y problemas de los otros, ubicándose en su lugar y enfrentando del modo más adecuado sus reacciones emocionales.
  • Habilidades conversacionales: Tradicionalmente se han relacionado con la habilidad para iniciar, mantener y finalizar conversaciones.
  • Habilidades para interactuar con el sexo opuesto.
  • etc

El entrenamiento de habilidades sociales supone que, independientemente de por qué un cliente no haya aprendido a manejar con éxito ciertas interacciones personales, puede aprender competencias conductuales más efectivas si se definen con claridad las competencias deseadas y si se aplican sistemáticamente los principios del aprendizaje para incrementarlas. Dado que el entrenamiento exige que el cliente practique y repase activamente nuevas respuestas ante las situaciones problemáticas, éste se ve implicado activa y directamente en el tratamiento, en lugar de ser un receptor pasivo de los consejos o interpretaciones del terapeuta.

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lunes, 1 de diciembre de 2014

5 BUENAS RAZONES POR LAS QUE ACUDIR AL PSICÓLOGO

La decisión de buscar ayuda profesional no siempre es fácil ni se toma de la noche a la mañana, excepto en contados casos. Normalmente responde a un proceso por el cual se va tomando conciencia progresivamente de que el mero transcurrir de los días no va a traer la solución.
Hay veces en que uno solo no puede solucionar los problemas que la vida le presenta y se da cuenta de que necesita acudir a un profesional.

"No siempre puedes tú solo, no tienes por qué saber de todo"

Así como permanecer durante meses con un dolor de estómago insoportable sin consultar con el médico es algo absurdo, también lo es permanecer con un dolor emocional sin consultar al psicólogo.

A continuación te dejamos 5 razones para dejarte ayudar por un especialista de la salud mental:
  1. Encontrar un momento y un espacio exclusivamente para ti: Cuando no encuentras un apoyo externo o tienes miedo de preocupar a los que quieres con tus problemas, encontrar un momento y un lugar reservados únicamente para tí y para expresar lo que te inquieta, es reconfortante.
  2. Sentirse escuchado sin ser juzgado: El psicólogo observa, recoge y evalúa pero no te examina para calificar de buena o reprobable tu conducta. Le interesa profundamente conocer cómo ves el mundo y como interactúas con él, pero en las sesiones no te sentirás juzgado, ni condenado, porque ese no es el rol del terapeuta ni forma parte de sus competencias.
  3. Mirarse en un espejo y tomar conciencia: A veces en medio del dolor que sientes, tiendes a evitar pensar en lo que te asusta o preocupa, e incluso negarlo. En la psicoterapia encontrarás una ayuda para tomar conciencia de lo que te está ocurriendo, para verbalizar tus miedos, para darte cuenta de la parte de responsabilidad (que no culpabilidad) que tienes en tu problema. El terapeuta te hará de espejo y te reflejará lo que estás transmitiendo y exteriorizando. Y ya sabes que saber lo que te pasa suele ser el primer peldaño en la escalera de la recuperación.


  4. Recibir un punto de vista objetivo y profesional: Un psicólogo no va a opinar desde sus vivencias o valores, ni desde el afecto, puesto que no tiene un vínculo contigo. Te propondrá una hipótesis explicativa de tu problema y un tratamiento personalizado y adaptado a tus necesidades.
  5. Proporcionar herramientas para comprender y gestionar tus emociones, pensamientos y conductas:
    En una consulta de psicología puedes identificar y cambiar pensamientos distorsioandos y patrones de conducta que te generan malestar, además de desarrollar nuevas habilidades para alcanzar tus objetivos. En definitiva, encuentras un asesoramiento que te dota de recursos, técnicas y estrategias para que seas tú mismo el que resuelva tu problema.


    Ir al psicólogo es una buena idea, porque esperar a que las cosas cambien por sí solas ya sabes que no te funciona. En la psicoterapia tienes una oportunidad, que no la única, de ser agente activo de tu vida.
    ¿Se te ha pasado por la cabeza ir al psicólogo alguna vez? ¿Eres consciente de las grandes ventajas de dejarte ayudar profesionalmente?

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